Sábado, 10 Junio 2017 07:52

Dios del amor y de la paz Destacado

Escrito por
Valora este artículo
(0 votos)

El Dios en quien creemos los cristianos, revelado por Cristo, Palabra encarnada en medio de la humanidad, es un Dios de amor y de paz. No son simples características colocadas por fieles devotos. Nacen de su misma esencia. Más aún, San Juan en su primera carta lo identifica claramente: “Dios es amor”.

 

Por amor crea el cielo y la tierra, crea al hombre y a la mujer a su imagen y semejanza y, a pesar de su desobediencia, lo redime y lo convierte en su hijo. Manifiesta su amor en todo momento.

Por ese amor a la humanidad, envía a su Hijo para liberar a la humanidad de la esclavitud del pecado. Con ello, sencillamente introduce de nuevo la Paz entre todos los seres humanos. No en vano, San Pablo proclama que Cristo es nuestra Paz. Éste la da a sus discípulos, luego de su Resurrección. No es la paz como la del mundo, sino como la que brota de su propio amor. Por eso, Pablo al escribirle por segunda vez a los Corintios indica que quien siempre estará con ellos y todos los creyentes “es el Dios del amor y de la paz”

Desde los orígenes del cristianismo, los discípulos de Jesús reconocieron a Dios como Uno y Trino. Es cierto que hubo controversia al respecto y la Iglesia tuvo que proclamar la verdad acerca del misterio trinitario: Dios uno y trino. San Pablo lo recuerda en variadas ocasiones y de diversas maneras: En la segunda carta a los corintios dice, en forma de bendición: “La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo estén con todos ustedes”.

Jesús es la segunda Persona de la Trinidad. El dio a conocer el misterio de su Padre y luego envió el Espíritu Santo a sus seguidores, apóstoles y discípulos. Él es el rostro del Padre, pues quien lo ve a Él está viendo al Padre: no sólo porque lo conoce sino porque también cree en Él. Es Dios, hecho hombre para darnos la salvación y así cumplir la voluntad del Padre. Vino a restaurar la condición perdida en los primeros tiempos por el pecado de Adán. Así dio Paz y libertad a la humanidad y les concedió la capacidad de ser hijos de Papá Dios.

El Padre se manifiesta como amor: “Tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna”. Es la característica del Padre que dio a conocer Jesús, por su acción pascual, con la cual, lejos de condenar al mundo, le ofreció la auténtica libertad, la de los hijos de Dios. Creer en el Hijo de Dios es la puerta para la salvación. Este no es un acto meramente intelectual, sino que supone y requiere la opción y el seguimiento desde la fe a Dios mismo.

Para que pudiéramos ser fieles en la fe y estar en plena sintonía con Dios, el mismo Jesús envió a la Tercera Persona de la Trinidad. Así desde la comunión creada por Él, quien es el Santificador, no sólo se puede transitar las sendas de la vida nueva, sino alcanzar la plenitud de la salvación. El Espíritu Santo, a la vez, al iluminar las vidas de todo creyente, le capacita para que pueda llamar a Dios Padre y pedirle lo que de verdad necesita.

El misterio trinitario, profundo en su esencia, es una manifestación viva de un Dios-comunión. El amor existente entre las tres divinas Personas, por otra parte, se contagia a todo creyente. Por la fe, cada creyente en la Trinidad va a reconocer que es Dios de amor y de paz. Como bien se autorreveló en el Sinaí, desde siempre es un Dios “compasivo y clemente, paciente, misericordioso y fiel”. En esas cualidades descubrimos el amor de Dios y la paz que siempre está dispuesto a poner en nuestros corazones. 

 

 

+Mario Moronta R.

Obispo de San Cristóbal.

 

 

 

Modificado por última vez en Lunes, 12 Junio 2017 23:12

Deja un comentario

Asegúrese de introducir toda la información requerida, indicada por un asterisco (*). No se permite código HTML.

DC.Televisión

Publicidad-3
Publicidad-4